
" Es malo sufrir, pero es bueno haber sufrido "
Internet nos ha facilitado la posibilidad de acercarnos a muchos de nuestros escritores favoritos. No hace falta más que poner el nombre de un escritor actual de cierta notoriedad en Youtube, y probablemente encontraremos alguna entrevista o reportaje que nos puede resultar interesante.
No obstante, en los últimos tiempo han proliferado algunas webs que ofrecen ese material con una mejor presentación y una calidad mucho más digna. De entre todos los que conozco, recomiendo Canal-L, tanto por la buena presentación de sus audiovisuales como por la muy acertada selección de los escritores entrevistados. Os dejo el enlace por si os interesa:
Una de las grandezas de la literatura es que asociamos nuestras lecturas a vivencias personales.
Siendo un chaval de diez o doce años, uno de mis hermanos llegó a casa con Fahrenheit 451, de Ray Bradbury. Me enseñó su reciente adquisición como quien desciende de las montañas con un mineral rarísimo y precioso. Es una novela donde se queman libros –me dijo-. 451º Fahrenheit es la temperatura a la que arde el papel.
Este clásico de la Ciencia Ficción se encuadra dentro de una corriente literaria que plantea sociedades utópicas (es decir, sociedades alternativas a la existente), y que estaría formada, entre otros, por célebres relatos como Un mundo feliz, de Aldous Huxley, 1984, de George Orwell o Mercaderes del Espacio, de Federik Pohl y Cyril M. Kornbluth.
La novela de Bradbury está protagonizada por un bombero cuyo trabajo consiste en quemar libros. La palabra escrita ha sido prohibida por el Gobierno bajo la excusa de que la lectura convierte a las personas en seres diferentes, y la labor de un Gobierno es que todos sus ciudadanos sean iguales.
En 1966 François Truffaut rodó la adaptación cinematográfica. A mi modesto entender, el director francés no anduvo muy fino en esta ocasión, pero se lo perdonamos por tantas y tantas películas maravillosas que nos legó, como Los 400 golpes o Jules et Jim.
Recordar a Bradbury me lleva a las tardes de invierno de mediados de los ochenta, la tableta de chocolate con pan, las perturbadoras bolitas de los jerseys de lana, las ratas correteando por el patio de la vecina, el olor de los antipolillas, el Cometa Halley...
Hoy es un día triste.
En plena 2ª Guerra Mundial, Hiroshima, en Japón, fue el objetivo primario del primer bombardeo atómico seguido de Kokura y Nagasaki como objetivos alternativos. La fecha del 6 de agosto se eligió porque anteriormente la ciudad había estado cubierta por nubes. El B-29 Enola Gay, perteneciente al Escuadrón de Bombardeo 393d, pilotado y comandado por el Coronel Paul Tibbets, despegó desde la base aérea de North Field, en Tinian, y realizó un viaje de aproximadamente seis horas de vuelo hasta Japón.
Después de salir de Tinian, el Enola Gay viajó por separado hacia Iwo Jima, donde se reunió a 2.440 metros de altura con los bombarderos auxiliares, tomando rumbo hacia Japón. La aeronave arribó al objetivo con clara visibilidad a los 9.855 m. Durante el viaje, el Capitán de la Armada William Parsons armó la bomba, ya que se había desactivado para minimizar el riesgo de explosión durante el despegue. Su asistente, el Subteniente Morris Jeppson, quitó los dispositivos de seguridad treinta minutos antes de llegar al objetivo.
Alrededor de las 7:00 de la mañana el sistema de radares japoneses de alerta temprana detectó a las naves estadounidenses aproximándose desde la parte sur de Japón, por lo que se emitió una alerta a distintas ciudades, entre ellas Hiroshima. Un avión climatológico sobrevoló la ciudad y al no ver signos de los bombarderos, los habitantes decidieron continuar sus actividades diarias. Cerca de las 8:00 de la mañana el radar detectó nuevamente los B-29 acercándose a la ciudad, por lo que las estaciones de radio emitieron la advertencia para que los habitantes se refugiaran, pero muchos la ignoraron.
La bomba Little Boy fue arrojada a las 08:15 horas de Hiroshima y alcanzó en 55 segundos la altura determinada para su explosión, aproximadamente 600 metros sobre la ciudad. Debido a vientos laterales falló el blanco principal, el puente Aioi, por casi 244 metros, detonando justo encima de la Clínica quirúrgica de Shima. Se estima que instantáneamente la temperatura se elevó a más de un millón de grados centígrados, lo que incendió el aire circundante, creando una bola de fuego de 256 metros de diámetro aproximadamente. En menos de un segundo la bola se expandió a 274 metros.
En uno de sus viajes en tren por EEUU, Mark Twain se topó con el revisor y no dio con el billete. Tas una larga espera, con el escritor rebuscando por todos sus bolsillos, el hombre le dijo:
-Ya sé que usted es el autor de “Tom Sawyer”, así que no se moleste, estoy seguro de que ha extraviado el billete
Pero Twain seguía buscando y el revisor insistiendo en que no hacía falta, hasta que el escritor le dijo......
¿Crees que serás capaz de averiguar la respuesta de Mark Twain al revisor?
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